Llegué a sentirme vacía, llegué al punto de no querer avanzar, estaba atrapada en un mar de malos sentimientos. Y de la nada apareciste, como un pequeño torbellino y poco a poco fuimos dándonos cuentas de que quizás las almas gemelas no tienen porqué ser necesariamente tu pareja sentimental... Por lo menos yo, entendí que eras tú la persona que me ayudaría a salir de ese pozo, con cada café aunque tu estuvieras sin lugar a dudas más jodida que yo.
Un año después decidí comenzar una nueva etapa en mi vida, la cual iba a ser de cambios, en la cual me iba a encontrar a mi misma con algo de ayuda, en ese momento es donde entras tú, que te adentras en todo mi caos y le pones esa sonrisa que me recompone, que me llena, que me hace replantearme todo y pensar que realmente seriamos una.
Y fue así de la nada y sin esperarlo que encontré a las piezas que me completaban y complementaban. Con ellas aprendí el significado de la palabra amistad. Empecé a sentir las mismas ganas de vernos, la confianza suficiente como para contárnoslo todo, sentí por primera vez el estar bien con alguien al 100%. Con ellas puedo ser yo misma, sin tapujos. No hay vergüenza que valga. Descubrí que los consejos van de la mano de un café o una noche larga. Y puedo decir con completa sinceridad que solo me hacen falta ellas para ser completamente feliz.
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