miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cambiemos el rol.

Ya está, se acabó, no más cartas de amor hacia la misma persona y mucho menos malos ánimos, quiero ser realmente feliz, aun que sea una vez, quiero disfrutar cada segundo como si fuera el último y empezar a confiar más en mí y a luchar por mis sueños. Porque si ellas creen en mi, supongo que podré, fuera malas vibras y bienvenidas las risas y las fiestas continuas, se permiten una sola noche de lloros al mes y se prohíbe preocuparse por cosas que no son necesarias realmente, optaré por jugar mi papel y hacerlo lo mejor que sepa, intentaré con todas mis fuerzas concentrarme en mis cosas y sobretodo en lucirme en los estudios, para recibir mi preciado título e irme a hacer lo que más me gusta, procuraré no decir tantos tacos, y quitarme el mal humor. A partir de ahora confiaré más en esas cuatro o cinco personas que tengo realmente a mi lado, ignorar las malas miradas, y sobretodo a quien me ignora, me centraré en mi, en mi y solo en mi, suena egocéntrico, pero como he visto que preocuparme más por los demás que por mi misma no da resultado, cambiaré los papeles a ver qué tal sale el nuevo rol. Y si, hoy es el último día de la antigua yo. Espero no echarte de menos.





domingo, 13 de septiembre de 2015

Que alguien me lo explique.

Me esforcé, jugué, perdí pero también gané, intenté ser la mejor en lo mío, pero era imposible, porque luchar por tí es un deporte de riesgo, imagínate el riesgo que corría que acabé enamorada, y sin ganas de continuar cuando dejaste de quererme, pero como soy testaruda a la par que estúpida, continué intentándolo, y volviste a quererme, pero no de la manera que yo esperaba, y me querías para lastimarme, tenerme contigo pero a la vez sin ti, por que eso haces, si, digo haces, porque a pesar del tiempo y los tragos que hemos pasado seguimos en la misma línea. No me quieres como tu chica, pero tampoco dejas que sea la chica de otro. Y mi pregunta es, ¿el problema es mío por seguir queriéndote o es tuyo por no dejar que quiera a otro? 

sábado, 5 de septiembre de 2015

El mejor días de sus vidas.

Los ojos color café tostado de ella, miraron los ojos verdes oscuros de él,  buscando una respuesta firme, una respuesta a porqué hizo lo que hizo. Ella no había sentido eso nunca, para ella, era todo nuevo y por eso mismo no se pudo contener y rompió a llorar desconsolada delante de él, no quería llorar porque no le gustaba que la vieran haciéndolo, y mucho menos, con él a medio metro de ella. En cambio, a él le gustaba todo de ella, incluso la forma en la que su nariz se arruga cuando sonríe. Pero en este instante, supo que ella era la persona con la que quería pasar el resto de su futuro, la manera que ella llora con la emoción del momento, para él, toda ella es especial. Si él a pesar de tener diecinueve años y ella diecisiete, le pidió que en un futuro próximo ella se casara con él, porque saben que son almas gemelas y opuestas al mismo tiempo, y se quieren hasta límites inexistentes. 
Cuando ella volvió a mirarle a sus ojos verdes oscuros, sin soltar más lágrimas le dijo que si, que quería pasar su vida con él. Y lo abrazó, tan de improvisto, que él se sorprendió, y a los pocos segundos la cogió en peso con las piernas desnudas de ella rodeando su musculosa espalda y sus manos en el pelo castaño de él revolviéndolo a la par besándolo apasionadamente. Él sin oponerse en ningún momento se abrazó aun mas fuerte a ella. Pasados quince minutos cuando ya estaban paseando de la mano por el parque, él recordó que con lo que ella había llorado no le había entregado el anillo que pudo comprarle con el dinero que tenía ahorrado, claro que a ella, aun sabiendo que no era el anillo de diamantes que toda niña sueña, desde ese día todas las joyas caras y de diamantes, rubíes, etc, le parecían horribles comparadas con su fino anillo de oro con un corazón en la parte superior. 
Y si, pasaron seis años después de terminar sus carreras universitarias y finalmente se casaron y un par de años mas, tuvieron a dos preciosos niños, un chico moreno y una chica de pelo castaño y rizado que soy yo.